Leo González Blog

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Jul 3

Amor y prisa

No quiero la democracia,

Si esta tiende a ser postiza,

Yo solo busco la verdad

Y correr tras ella sin prisa.

Las cosas mas duraderas,

Se hacen con el sudor de la camisa,

Políticos y empresas ni la corbata se quitan.

No busco el dinero ni intereses vanos,

Tengo siempre lo justo para estar en paz con mis hermanos,

Sano, de la mano, bueno a veces no tan sano.

Amor, yo fui tras de ti, y me siento completo,

Tengo lastima de aquellos que no sienten afecto,

Todos ellos, reptiles, sangre fría, diputados, presidentes,

No sienten nada cuando joden a la gente.

El lenguaje más correcto no es siempre el verdadero,

Escuchó como nunca al muñeco del noticiero,

Confío más en mi, que en cualquier tipo de medio.

Amor te encontré y soy completo,

Tengo lastima de aquellos que no sienten afecto,

No quiero la democracia si es una postiza,

Las mejores cosas son las que se hacen con prisa.

El tortuoso camino hacia el hogar.

Desde el jueves 15 de septiembre habían corrido los rumores de que varios camiones de la línea Autobuses del Noreste en la ruta Monterrey-Cd. Miguel Alemán, Tamaulipas, habían sido asaltados por el grupo de los Zetas. También se decía que algunas personas, en su mayoría estudiantes habían sido secuestrados. Así que el día siguiente, mientras recorrían la peligrosa carretera, viendo pasar los distintos poblados y pequeñas ciudades, había cierta tensión en el aire entre los pasajeros del autobús 4854.

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¿Nunca has sentido el delirio de persecución? Yo tampoco lo había sentido hasta hace poco. Siempre viví tranquilo en Monterrey, de hecho creo pecaba de confiado, alguna vez deje las llaves pegadas en la puerta de mi casa, toda la noche, nunca puse seguro en mi carro e intentaba ayudar a las personas en la calle, siempre que podía claro.
Pero de un momento a otro después de varias experiencias no muy relevantes (un robo), las pláticas con los amigos, aquel conocido del primo de tu amigo al que lo bajaron del carro, aquel hermano del vecino que vio un “levanton”, pero sobre todo y más que cualquier otra cosa, por esa exposición terrible, casi sádica a la que nos someten las televisoras y diarios locales, nacionales y hasta las de Gringoland, con noticias plagadas de violencia, en la que nos dicen con algo cercano al regocijo lo jodidos que estamos, pasando de noticias de asesinatos, de los zetas y cadaveres a ver los goles de los Tigres y Rayados, para volver a motines en penales e inmediatamente después el nuevo disco de Paulina.
Y si, empecé, sin previo a viso, a sentir esa sensación de desconfianza egocéntrica de que todos a mi alrededor son posibles conspiradores buscando atacar en cualquier momento, esa sensación en la que eres tan importante, buscado o “te tienen en la mira” para darte un “levanton”, sin deberla ni temerla. 
Manejar por las calles de Monterrey se volvió una rutina de desconfianza, bueno, la verdad no puedes ir muy campante si entre el tráfico justo a tu lado pasa un convoy de camionetas con militares armados apuntándote directamente, o tienes que salir después de haber leído en twitter que en tal colonia había balacera. Si, no solo esto, también los conductores se hicieron mas cautos, menos agresivos, “Pa´ que le mientas la madre,no vaya a ser halcon” me dijo un compañero una vez, yo mismo me descubrí cediendo el paso a una camioneta que según yo era sospechosa. Mucho problema, mucha cautela, miedo y se podrá decir que hasta pocos huevos.
 Pero de hecho este mismo “delirio” y cautela fue lo que me salvo de ser secuestrado una vez.

Después.

¿Nunca has sentido el delirio de persecución? Yo tampoco lo había sentido hasta hace poco. Siempre viví tranquilo en Monterrey, de hecho creo pecaba de confiado, alguna vez deje las llaves pegadas en la puerta de mi casa, toda la noche, nunca puse seguro en mi carro e intentaba ayudar a las personas en la calle, siempre que podía claro.

Pero de un momento a otro después de varias experiencias no muy relevantes (un robo), las pláticas con los amigos, aquel conocido del primo de tu amigo al que lo bajaron del carro, aquel hermano del vecino que vio un “levanton”, pero sobre todo y más que cualquier otra cosa, por esa exposición terrible, casi sádica a la que nos someten las televisoras y diarios locales, nacionales y hasta las de Gringoland, con noticias plagadas de violencia, en la que nos dicen con algo cercano al regocijo lo jodidos que estamos, pasando de noticias de asesinatos, de los zetas y cadaveres a ver los goles de los Tigres y Rayados, para volver a motines en penales e inmediatamente después el nuevo disco de Paulina.

Y si, empecé, sin previo a viso, a sentir esa sensación de desconfianza egocéntrica de que todos a mi alrededor son posibles conspiradores buscando atacar en cualquier momento, esa sensación en la que eres tan importante, buscado o “te tienen en la mira” para darte un “levanton”, sin deberla ni temerla. 

Manejar por las calles de Monterrey se volvió una rutina de desconfianza, bueno, la verdad no puedes ir muy campante si entre el tráfico justo a tu lado pasa un convoy de camionetas con militares armados apuntándote directamente, o tienes que salir después de haber leído en twitter que en tal colonia había balacera. Si, no solo esto, también los conductores se hicieron mas cautos, menos agresivos, “Pa´ que le mientas la madre,no vaya a ser halcon” me dijo un compañero una vez, yo mismo me descubrí cediendo el paso a una camioneta que según yo era sospechosa. Mucho problema, mucha cautela, miedo y se podrá decir que hasta pocos huevos.

 Pero de hecho este mismo “delirio” y cautela fue lo que me salvo de ser secuestrado una vez.

Después.

El abandono total a las clases sociales más bajas solo genera descontento, ese descontento que luego hace que los jóvenes no piensen en las consecuencias y hasta deseen tomar acciones como incursionar en el crimen para de alguna manera “vengarse” de la misma sociedad que los hace a un lado.

El abandono total a las clases sociales más bajas solo genera descontento, ese descontento que luego hace que los jóvenes no piensen en las consecuencias y hasta deseen tomar acciones como incursionar en el crimen para de alguna manera “vengarse” de la misma sociedad que los hace a un lado.

¿Cómo llegó ahí el animal?

Hay algunas fotografías que por más que le busquemos no sabemos como estos animales han llegado ahí…

Pienso que  esta rola se debería tocar mucho más en las radios en México, tengo miedo, dice, en repetidas ocasiones, como muchas personas en nuestro país, miedo de salir, miedo por tus seres queridos, de hacer lo que hacíamos antes, todo esto que nos ha quitado la “guerra contra el narcotráfico” tan tristemente cacareada por nuestro presidente. Las maldades que se cometen día con día, el miedo a que te ocurran, o peor, que alcance a alguien a quien amas.

En mi caso, por varias experiencias desagradables, más que miedo es paranoia, ver a alguien sospechoso, una camioneta que va rápido, cualquier chavillo vestido de tal manera, el auto que lleva la misma ruta que tú, algún taxi. Personas que lo más seguro es que sean buenas, que tengan los mismos temores que tú y tú seas el sospechoso para ellos. Por eso aunque suene cursi. “No todos son tan malos”
“La vida es un picnic”

-Que hijos de la chingada, nunca se puede estar a gusto en esta pinche ciudad. Apenas son las 11 pm y ya la están cagando con estas pinches balaceras, es la tercera esta semana. No se puede ni salir a gusto por los jodidos cigarros por que quien sabe si regreses, ojalá se estén muriendo todos a la verga en está balacera.
Como ocurría muy seguido en Monterrey la balacera había empezado por el sur de la Ciudad. Leo, Pedro, Martín o como se llamará este personaje, como casi todos en Monterrey estaba hasta la madre de las balaceras, “la inseguridad” que le llamaban los ricos y televisoras, esos a los que casi no les pegaba, porque tenían a sus hijos en Estados Unidos, esos que solo lo anunciaban o cerraban el hocico  para no tener problemas.
En ese momento este ciudadano común de la ciudad de Monterrey, no tenía ningún temor, ni siquiera molestia ya, solo un hastío de saber que solo estaba ocurriendo lo mismo desde hace varios meses, había perdido toda la capacidad para sorprenderse, asustarse, estaba convertido un ciudadano sin miedo, era peor aún, un ciudadano completamente indiferente.
Al acabar la balacera, el ciudadano regio salió a por sus cigarros y a las pocas cuadras vio el cuerpo sin vida de varios muchachos, con no más de los 18 años, aquellos que hace pocos días le habían quitado su celular, sonrió ligeramente y pensó: “Ja, para que no vuelvan a robar hijos de puta” y siguió tan impávido para algunos, tan cínico para otros, su camino por sus Marlboro blancos caja dura.
Un día más común del que pensamos en un lugar de Monterrey.

-Que hijos de la chingada, nunca se puede estar a gusto en esta pinche ciudad. Apenas son las 11 pm y ya la están cagando con estas pinches balaceras, es la tercera esta semana. No se puede ni salir a gusto por los jodidos cigarros por que quien sabe si regreses, ojalá se estén muriendo todos a la verga en está balacera.

Como ocurría muy seguido en Monterrey la balacera había empezado por el sur de la Ciudad. Leo, Pedro, Martín o como se llamará este personaje, como casi todos en Monterrey estaba hasta la madre de las balaceras, “la inseguridad” que le llamaban los ricos y televisoras, esos a los que casi no les pegaba, porque tenían a sus hijos en Estados Unidos, esos que solo lo anunciaban o cerraban el hocico  para no tener problemas.

En ese momento este ciudadano común de la ciudad de Monterrey, no tenía ningún temor, ni siquiera molestia ya, solo un hastío de saber que solo estaba ocurriendo lo mismo desde hace varios meses, había perdido toda la capacidad para sorprenderse, asustarse, estaba convertido un ciudadano sin miedo, era peor aún, un ciudadano completamente indiferente.

Al acabar la balacera, el ciudadano regio salió a por sus cigarros y a las pocas cuadras vio el cuerpo sin vida de varios muchachos, con no más de los 18 años, aquellos que hace pocos días le habían quitado su celular, sonrió ligeramente y pensó: “Ja, para que no vuelvan a robar hijos de puta” y siguió tan impávido para algunos, tan cínico para otros, su camino por sus Marlboro blancos caja dura.

Un día más común del que pensamos en un lugar de Monterrey.