Leo González Blog

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El tortuoso camino hacia el hogar.

Desde el jueves 15 de septiembre habían corrido los rumores de que varios camiones de la línea Autobuses del Noreste en la ruta Monterrey-Cd. Miguel Alemán, Tamaulipas, habían sido asaltados por el grupo de los Zetas. También se decía que algunas personas, en su mayoría estudiantes habían sido secuestrados. Así que el día siguiente, mientras recorrían la peligrosa carretera, viendo pasar los distintos poblados y pequeñas ciudades, había cierta tensión en el aire entre los pasajeros del autobús 4854.

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¿Nunca has sentido el delirio de persecución? Yo tampoco lo había sentido hasta hace poco. Siempre viví tranquilo en Monterrey, de hecho creo pecaba de confiado, alguna vez deje las llaves pegadas en la puerta de mi casa, toda la noche, nunca puse seguro en mi carro e intentaba ayudar a las personas en la calle, siempre que podía claro.
Pero de un momento a otro después de varias experiencias no muy relevantes (un robo), las pláticas con los amigos, aquel conocido del primo de tu amigo al que lo bajaron del carro, aquel hermano del vecino que vio un “levanton”, pero sobre todo y más que cualquier otra cosa, por esa exposición terrible, casi sádica a la que nos someten las televisoras y diarios locales, nacionales y hasta las de Gringoland, con noticias plagadas de violencia, en la que nos dicen con algo cercano al regocijo lo jodidos que estamos, pasando de noticias de asesinatos, de los zetas y cadaveres a ver los goles de los Tigres y Rayados, para volver a motines en penales e inmediatamente después el nuevo disco de Paulina.
Y si, empecé, sin previo a viso, a sentir esa sensación de desconfianza egocéntrica de que todos a mi alrededor son posibles conspiradores buscando atacar en cualquier momento, esa sensación en la que eres tan importante, buscado o “te tienen en la mira” para darte un “levanton”, sin deberla ni temerla. 
Manejar por las calles de Monterrey se volvió una rutina de desconfianza, bueno, la verdad no puedes ir muy campante si entre el tráfico justo a tu lado pasa un convoy de camionetas con militares armados apuntándote directamente, o tienes que salir después de haber leído en twitter que en tal colonia había balacera. Si, no solo esto, también los conductores se hicieron mas cautos, menos agresivos, “Pa´ que le mientas la madre,no vaya a ser halcon” me dijo un compañero una vez, yo mismo me descubrí cediendo el paso a una camioneta que según yo era sospechosa. Mucho problema, mucha cautela, miedo y se podrá decir que hasta pocos huevos.
 Pero de hecho este mismo “delirio” y cautela fue lo que me salvo de ser secuestrado una vez.

Después.

¿Nunca has sentido el delirio de persecución? Yo tampoco lo había sentido hasta hace poco. Siempre viví tranquilo en Monterrey, de hecho creo pecaba de confiado, alguna vez deje las llaves pegadas en la puerta de mi casa, toda la noche, nunca puse seguro en mi carro e intentaba ayudar a las personas en la calle, siempre que podía claro.

Pero de un momento a otro después de varias experiencias no muy relevantes (un robo), las pláticas con los amigos, aquel conocido del primo de tu amigo al que lo bajaron del carro, aquel hermano del vecino que vio un “levanton”, pero sobre todo y más que cualquier otra cosa, por esa exposición terrible, casi sádica a la que nos someten las televisoras y diarios locales, nacionales y hasta las de Gringoland, con noticias plagadas de violencia, en la que nos dicen con algo cercano al regocijo lo jodidos que estamos, pasando de noticias de asesinatos, de los zetas y cadaveres a ver los goles de los Tigres y Rayados, para volver a motines en penales e inmediatamente después el nuevo disco de Paulina.

Y si, empecé, sin previo a viso, a sentir esa sensación de desconfianza egocéntrica de que todos a mi alrededor son posibles conspiradores buscando atacar en cualquier momento, esa sensación en la que eres tan importante, buscado o “te tienen en la mira” para darte un “levanton”, sin deberla ni temerla. 

Manejar por las calles de Monterrey se volvió una rutina de desconfianza, bueno, la verdad no puedes ir muy campante si entre el tráfico justo a tu lado pasa un convoy de camionetas con militares armados apuntándote directamente, o tienes que salir después de haber leído en twitter que en tal colonia había balacera. Si, no solo esto, también los conductores se hicieron mas cautos, menos agresivos, “Pa´ que le mientas la madre,no vaya a ser halcon” me dijo un compañero una vez, yo mismo me descubrí cediendo el paso a una camioneta que según yo era sospechosa. Mucho problema, mucha cautela, miedo y se podrá decir que hasta pocos huevos.

 Pero de hecho este mismo “delirio” y cautela fue lo que me salvo de ser secuestrado una vez.

Después.

Pienso que  esta rola se debería tocar mucho más en las radios en México, tengo miedo, dice, en repetidas ocasiones, como muchas personas en nuestro país, miedo de salir, miedo por tus seres queridos, de hacer lo que hacíamos antes, todo esto que nos ha quitado la “guerra contra el narcotráfico” tan tristemente cacareada por nuestro presidente. Las maldades que se cometen día con día, el miedo a que te ocurran, o peor, que alcance a alguien a quien amas.

En mi caso, por varias experiencias desagradables, más que miedo es paranoia, ver a alguien sospechoso, una camioneta que va rápido, cualquier chavillo vestido de tal manera, el auto que lleva la misma ruta que tú, algún taxi. Personas que lo más seguro es que sean buenas, que tengan los mismos temores que tú y tú seas el sospechoso para ellos. Por eso aunque suene cursi. “No todos son tan malos”
“La vida es un picnic”